Consideraciones para el consumo de suplementos vitamínicos y minerales en poblaciones de deportistas
- Jaime Cuevas
- 17 nov 2025
- 13 Min. de lectura
Actualizado: 6 dic 2025
Las vitaminas y minerales son de importancia fundamental para numerosas funciones humanas que son esenciales para optimizar el rendimiento de los deportistas. Los deportistas sufren una alta renovación de vitaminas y minerales clave y, por tanto, dependen de una ingesta suficiente de energía para reponer las reservas de nutrientes. Sin embargo, muchos deportistas son malos para cubrir sus necesidades de recarga energética, especialmente las mujeres, y aunque el objetivo principal es un enfoque basado en la comida primero, puede ser importante que algunos deportistas consideren un suplemento vitamínico y/o mineral para cubrir sus necesidades diarias. Al determinar si un deportista necesita suplementos vitamínicos o minerales, los profesionales deben utilizar un marco sólido para evaluar los requerimientos energéticos generales, las prácticas dietéticas actuales y el estado biológico y clínico de sus deportistas.
Cabe destacar que cualquier plan de suplementación debe tener en cuenta los diversos factores que pueden influir en la eficacia del enfoque (por ejemplo, el sexo del deportista, la ingesta nutricional recomendada en la dieta, dosis del suplemento, co-consumo de otros alimentos y cualquier interacción alimento-medicamento). Es importante destacar que existen numerosas vitaminas y minerales de importancia clave para los deportistas, cada uno con relevancia específica para determinadas situaciones (por ejemplo, el hierro y las vitaminas del grupo B son contribuyentes significativos a la adaptación hematológica, el calcio y la vitamina D son importantes para la salud ósea y el ácido fólico es importante en la deportista femenina); Por lo tanto, el suplemento adecuado para cada situación debe considerarse y consumirse cuidadosamente con el objetivo de complementar la dieta del deportista.

PUNTOS CLAVE
Los deportistas suelen ser deficientes para satisfacer sus necesidades energéticas y, aunque el enfoque de “alimento primero” es un objetivo principal, ciertas situaciones (por ejemplo, dietas restringidas con alimentos, mala recuperación y nutrición, etc.) pueden llevar a un atleta a considerar un suplemento vitamínico o mineral para cubrir sus necesidades diarias.
Existen numerosas vitaminas y minerales de importancia clave para los deportistas, cada uno con relevancia específica para determinadas situaciones. La utilidad de la suplementación para una situación determinada debe considerarse cuidadosamente antes de usarla y consumirla para complementar la dieta habitual del deportista.
Las deportistas tienen necesidades de vitaminas y minerales muy marcadas que difieren de sus homólogos masculinos, y el panorama de la investigación requiere un trabajo importante para comprender mejor los retos nutricionales únicos a los que se enfrentan.
Las vitaminas y minerales desempeñan un papel fundamental en una gran cantidad de procesos humanos que son significativos para la salud y el rendimiento de los deportistas. Las funciones dependientes del movimiento, como el metabolismo energético, el transporte de oxígeno, la producción de glóbulos rojos, la función inmunitaria, el crecimiento/reparación muscular y la salud ósea, dependen de alguna manera de vitaminas y minerales. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el cuerpo no es capaz de sintetizar endógenamente estos nutrientes esenciales y, por tanto, los humanos dependemos de fuentes de alimento exógenas para suministrar las necesidades de vitaminas y minerales de nuestro organismo.
Cabe destacar que los deportistas presentan una mayor demanda general de vitaminas y minerales, lo cual generalmente se logra bien cuando se satisfacen las demandas energéticas con niveles adecuados de ingesta energética mediante un “enfoque de alimentación primero”; definido como, “cuando sea prácticamente posible, la provisión de nutrientes debería provenir de alimentos y bebidas integrales en lugar de componentes alimentarios aislados o suplementos dietéticos”.
Sin embargo, ciertas situaciones (por ejemplo, consumo energético comprometido, mala calidad de la dieta, baja absorción de nutrientes) pueden obligar a un deportista a considerar un suplemento vitamínico o mineral para cubrir sus necesidades diarias, y aunque esto es apropiado, dado el posible daño de sobresuplementar o consumir suplementos prohibidos, la elección del enfoque en tales casos debe determinarse en consulta con un experto en nutrición.
Por tanto, es importante recordar las ideas de Larson-Meyer et al., de que, “la ingesta de suplementos no puede revertir malas elecciones alimentarias y una dieta inadecuada”; no obstante, las palabras de Close et al., adoptar un enfoque de “primero la comida, pero no siempre solo la comida” también son pertinentes cuando se trata de reemplazar vitaminas y minerales en deportistas con una ingesta de nutrientes comprometida.
¿Tienen los deportistas un mayor riesgo de deficiencia?
Existen multitud de factores que interactúan y que pueden contribuir a un estado nutricional subóptimo en los deportistas; Estos factores incluyen procesos como el aumento de la excreción en sudor, orina y heces, mayor renovación, disminución de la absorción en el tracto gastrointestinal y adaptación bioquímica al entrenamiento. Dadas las altas exigencias de entrenamiento y el gasto energético diario general de los deportistas de élite, parece lógico una mayor exposición a la posible deficiencia de vitaminas y/o minerales inducidas por el ejercicio. Sin embargo, las deficiencias generalizadas de vitaminas y minerales son poco comunes en los deportistas, ya que la ingesta total de energía generalmente aumenta para satisfacer la necesidad energética de la demanda de entrenamiento, lo que permite una reposición adecuada de las mayores necesidades de micronutrientes. En cualquier caso, no siempre es cierto que la ingesta de energía aumente en función de la carga de entrenamiento. Por ejemplo, no es raro que la disponibilidad de energía se vea comprometida en deportistas de resistencia con horarios de entrenamiento diarios intensos, donde repetidos periodos de ejercicio a lo largo del día pueden afectar negativamente la oportunidad de reponer adecuadamente las necesidades energéticas entre sesiones.
Además, el consumo de alimentos procesados de alta energía (es decir, geles deportivos, barras y otros productos altamente procesados) en estos atletas puede provocar una mala composición y calidad nutricional en la dieta, incluso si la ingesta energética es adecuada. Por último, en deportes sensibles al peso o estéticos, se informa comúnmente de baja disponibilidad energética debido a una ingesta dietética restringida en un intento de manipular la composición corporal. Esta ingesta de nutrientes comprometida o restringida no solo afecta al estado energético del deportistas, sino también a su oportunidad de reemplazar cualquier vitamina y mineral utilizado o excretado durante el ejercicio (por ejemplo, vitaminas del grupo B en la producción de energía o electrolitos y hierro en el sudor) o aquellos usados en la recuperación/adaptación al estímulo del entrenamiento (por ejemplo, hierro en la producción de glóbulos rojos).
No obstante, también es probable que las respuestas inflamatorias al entrenamiento intenso puedan afectar la capacidad de un deportistas para absorber diversos nutrientes a nivel intestinal, lo que con el tiempo también puede contribuir a una mayor exposición al riesgo de deficiencia de nutrientes. Por ejemplo, los aumentos inducidos por el ejercicio en la citocina inflamatoria interleucina-6 se han relacionado con incrementos en el péptido producido por el hígado, la hepcidina, que cuando está elevada, reduce la absorción de hierro en el intestino, un proceso reconocido como contribuyente a las reservas de hierro comúnmente observadas en poblaciones de deportistas. Con este fin, está claro que los deportistas presentan una mayor necesidad general de la ingesta considerada de vitaminas y minerales, con un mayor riesgo de deficiencia probablemente relevante para personas con poca ingesta y reposición de energía y/o alta carga de entrenamiento.
¿Cuáles son los marcos de evaluación para explorar una deficiencia?
Las deficiencias subyacentes de nutrientes en poblaciones de deportistas pueden afectar a una variedad de resultados en salud y rendimiento. Comúnmente, los síntomas de agotamiento de nutrientes en las poblaciones de atletas tienden a manifestarse inicialmente como sensación de letargo y fatiga, que pueden afectar eventualmente a la consistencia en el entrenamiento y, por tanto, al rendimiento, con el tiempo. Dadas estas posibles implicaciones negativas para el rendimiento, es fundamental que el equipo de apoyo nutricional que trabaja con los atletas tenga un proceso de evaluación bien estructurado para detectar problemas nutricionales antes de que afecten al rendimiento; Este enfoque también puede proporcionar una herramienta de evaluación integral para evaluar la necesidad de suplementos dietéticos al abordar cualquier problema identificado. En un intento de proporcionar esta estructura, se ha propuesto previamente un marco modificado para la evaluación nutricional adaptada.
Este marco proporciona una evaluación integral del estado nutricional en cinco dominios clave, entre ellos:
Antropometría, para evaluar la composición corporal de un deportista y cualquier cambio a lo largo del tiempo.
Análisis bioquímico, para evaluar la presencia y los niveles de biomarcadores objetivo (por ejemplo, hierro, vitamina D, etc.) en la sangre, saliva y/o orina frente a los umbrales comúnmente aceptados.
Evaluación clínica, para proporcionar información sobre la presencia de cualquier historial y/o síntomas relevantes que afecten al deportista.
Análisis dietético de la ingesta de nutrientes a lo largo del tiempo mediante diversos métodos de recuperación de la ingesta de alimentos.
Escaneo ambiental, que consiste en una evaluación del entorno del deportistas para explorar el impacto de factores como el entorno de vivienda, factores sociales y culturales, la programación de entrenamiento, etc., en la ingesta de nutrientes como causa subyacente de posibles problemas.
Cabe señalar que los aspectos individuales de este enfoque integral de evaluación pueden ser realizados por numerosas personas dentro del equipo de medicina deportiva que apoyan a un deportista (por ejemplo, dietista, médico deportivo, etc.), destacando el enfoque multidisciplinar en la prestación de servicios al deportistas. En combinación, la investigación de estos cinco factores proporciona una herramienta de evaluación integral que permite la detección de trastornos nutricionales, los posibles factores que contribuyen al trastorno y el enfoque (es decir, corrección nutricional o suplementación) para abordar cualquier problema identificado.
¿Cuáles son las estrategias para prevenir y tratar la deficiencia de nutrientes?
Si se detecta una deficiencia de nutrientes, es necesario considerar numerosos factores subyacentes que podrían influir en el éxito de cualquier intervención. Un factor importante podría ser el enfoque adoptado para corregir los problemas. Por ejemplo, para cualquier deficiencia de nutrientes identificada, existen varios enfoques que se pueden adoptar para mejorar la situación. Un enfoque inicial podría ser una perspectiva de “comida primero”, en la que se produce un esfuerzo concertado para aumentar la disponibilidad del nutriente carente en la ingesta energética diaria global del deportista. Aunque este enfoque de alimentación primero es un punto de partida preferido para cualquier intervención nutricional, su eficacia solo es máxima cuando existe un problema evidente y abordable con la composición de la dieta y/o la ingesta de energía. Sin embargo, no siempre es posible corregir una deficiencia de nutrientes simplemente aconsejando al deportista que coma más, especialmente cuando una deficiencia generalmente requiere más de ese nutriente específico para solucionar el problema que la Ingesta Dietética Recomendada (IDR) típica. Cabe destacar que la IDR es la cantidad media de nutrientes específicos necesarias diariamente para la sustentación o evitación de estados de deficiencia.
Dado este problema, un enfoque simultáneo para aumentar la densidad nutricional a partir de los alimentos podría ser explorar la inclusión de un suplemento oral específico (es decir, relevante para la deficiencia nutricional observada) en la rutina diaria de nutrición del deportista (por ejemplo, consumir un suplemento diario de hierro para compensar la baja ingesta total de hierro en una dieta vegetariana).
Está claro que hay una multitud de factores a tener en cuenta al determinar el mejor enfoque para abordar la deficiencia de nutrientes de un deportista, con matices específicos relacionados con la falta de nutrientes que probablemente necesiten atención a la hora de buscar la mejor manera de solucionar el problema.
Vitaminas y minerales importantes para deportistas
Al considerar las numerosas vitaminas y minerales que existen en nuestra dieta, y las innumerables funciones que desempeñan, queda claro que una revisión exhaustiva de todos ellos sería poco práctica (aunque se remite a los lectores Beck et al., para una revisión más detallada). Sin embargo, desde una perspectiva centrada en el deportista, hay algunas vitaminas y minerales clave que son fundamentales para la adaptación y el funcionamiento óptimo. Por ello, hemos delimitado nuestra atención aquí a varios nutrientes clave (Tabla 1) de importancia para la hematología, la salud ósea y la función inmunitaria, como contribuyentes clave (y comunes) al potencial de adaptación de un deportista y a su salud general.

Consideraciones especiales para deportistas femeninas
Las mujeres tienen atributos biológicos y fenotípicos distintivos que hacen únicas las necesidades nutricionales de las deportistas. En las mujeres, las hormonas sexuales, el estrógeno y la progesterona, desempeñan un papel importante en el desarrollo reproductivo y la menstruación, señalando la liberación de otras hormonas (como la hormona luteinizante y la hormona folículo-estimulante), que también desempeñan un papel importante en la ovulación y el mantenimiento del embarazo. Las hormonas ováricas femeninas no solo cambian a lo largo de la vida (desde la pubertad hasta la menopausia), sino que también cambian cíclicamente a lo largo de las cuatro fases del ciclo menstrual (1- fase menstrual, 2- fase folicular, 3- fase ovulación, 4- fase lútea). Por ejemplo, durante la menstruación, las concentraciones de ambas hormonas ováricas son bajas; sin embargo, los niveles de estrógenos aumentan durante la fase folicular para estimular la ovulación, antes de que haya altas concentraciones circulantes tanto de estrógeno como de progesterona durante la fase lútea.
Cabe destacar que las concentraciones de estas hormonas también pueden cambiar debido a otros estímulos, como el embarazo, el uso de anticonceptivos hormonales o las interacciones dieta/ejercicio. Además de sus funciones reproductivas, los esteroides ováricos pueden influir en una variedad de procesos fisiológicos y biológicos, como la termorregulación, el metabolismo, la cognición y la regulación autónoma. Consideradas en conjunto, las implicaciones de estas alteraciones fisiológicas pueden extenderse a afectar al rendimiento deportivo. De hecho, un metaanálisis reciente concluyó que el rendimiento del ejercicio podría reducirse trivialmente durante la fase folicular temprana del ciclo menstrual; sin embargo, hubo numerosos problemas con los datos disponibles, de modo que la mayoría de los estudios se consideraron de “baja” calidad, y se identificó una gran varianza entre estudios, lo que dificultaba inferir conclusiones prácticas para deportistas femeninas de élite. En cualquier caso, es evidente que las deportistas femeninas presentan con mayor frecuencia ciertas deficiencias de micronutrientes, por lo que se requieren enfoques nutricionales que tengan en cuenta las necesidades únicas de las deportistas.
Actualmente, hay pocas investigaciones que exploren la periodización de la nutrición en torno al ciclo menstrual. Sin embargo, hay minerales que merecen una investigación más detallada, como la ingesta de hierro. Esto es especialmente importante para las deportistas femeninas que menstrúan y que pueden experimentar pérdidas equivalentes a entre 5 y 40 mg de hierro por ciclo.
Cabe destacar que este número probablemente sea mucho mayor en mujeres con sangrado menstrual abundante (HMB), una condición que se considera muy prevalente en cohortes deportivas. Curiosamente, se ha demostrado que la hepcidina, la mencionada hormona reguladora del hierro responsable de controlar la absorción del hierro, está regulada a la baja por el estrógeno, lo que significa que la absorción de hierro puede aumentar cuando los niveles de estrógeno son altos (es decir, en la fase folicular del ciclo menstrual). Esto puede ofrecer una ventana de oportunidad para que las mujeres recuperen la pérdida neta de hierro derivada de la menstruación. Aunque el apoyo mecanicista a esta asociación es sólido, los estudios de ensayos en humanos no están claros y ningún estudio ha evaluado directamente los cambios en la absorción de hierro (más que alteraciones hormonales) a lo largo del ciclo menstrual en deportistas femeninas.
En cualquier caso, estas pérdidas menstruales de sangre y fluctuaciones hormonales son únicas de las deportistas femeninas y resultan en un mayor consumo de hierro en comparación con los hombres. De hecho, esto se refleja en las directrices de IDR para la población general, donde las recomendaciones de consumo de hierro en mujeres son más del doble que en hombres (18 frente a 8 mg/día). Sin embargo, esta IDR puede ser bastante difícil de lograr para las mujeres, ya que su tamaño corporal generalmente más pequeño implica una menor ingesta absoluta de energía en comparación con los hombres. La dieta occidental típica proporciona ~ 6 mg de hierro por cada 1000 kcal; por ello, las mujeres deben consumir alimentos más densos en nutrientes para alcanzar su objetivo de hierro dentro de sus necesidades calóricas.
Para agravar este problema, las deportistas suelen seguir dietas restrictivas, incluyendo dietas vegetarianas o veganas de baja calidad de hierro, o aquellas que limitan la ingesta de carbohidratos o energía, que han demostrado contener menores cantidades de hierro dietético. En consecuencia, la insuficiente ingesta de energía y, por tanto, una menor ingesta de hierro en la dieta, contribuyen a la mayor incidencia de deficiencia de hierro observada en poblaciones de deportistas femeninas. Por ello, se requiere un mayor enfoque en la ingesta de hierro dietética o suplementaria en las deportistas, especialmente cuando surgen desafíos adicionales para el equilibrio del hierro debido a altas cargas de ejercicio. Esto se refleja en las recomendaciones de cribado de hierro para deportistas, que sugieren que las mujeres deberían evaluar su estado de hierro cada 6 meses, especialmente en casos de compromiso conocido del hierro. El cribado rutinario más frecuente de las mujeres permite tratar deficiencias menores de hierro (es decir, agotamiento de hierro en etapa 1) antes de avanzar hacia etapas graves del trastorno nutricional (es decir, IDA en estadio 3).
Además del hierro, el ácido fólico es una vitamina B de especial importancia para la preconcepción y durante todo el embarazo. Como se describió anteriormente, tanto el hierro como el folato tienen un papel fundamental en la eritropoyesis. Además, las coenzimas folato son esenciales en la síntesis de ácidos nucleicos, la regeneración de metionina y el metabolismo de un carbono, lo que las hace especialmente importantes durante periodos de rápido crecimiento (es decir, durante el embarazo).
Las deportistas femeninas que entrenan durante todo el embarazo deberían considerar seriamente tanto la suplementación con hierro como con folato, ya que el estrés hematológico añadido por altos volúmenes de ejercicio junto con los asociados al crecimiento y desarrollo fetal puede acelerar la progresión de una deficiencia si no se trata de forma proactiva.
Resumen y conclusiones
Los deportistas están expuestos regularmente a altos niveles de estrés en el entrenamiento y, por tanto, su ingesta energética debe adaptarse a la demanda energética. Sin embargo, existen diversos factores que contribuyen a la pobre reposición de las necesidades energéticas en los deportistas y, por tanto, la reposición de vitaminas y minerales clave puede verse comprometida, lo que aumenta el riesgo de que los atletas sufran deficiencias nutricionales. Dado este mayor riesgo, es importante que los profesionales utilicen un marco sólido para evaluar los requerimientos energéticos generales, las prácticas dietéticas actuales y el estado biológico y clínico de sus deportistas, para identificar si y cuándo un deportistas puede necesitar intervención nutricional. Si se detecta una deficiencia de nutrientes, es importante considerar el enfoque adecuado para corregir el problema, teniendo en cuenta también los diversos factores que puedan afectar la eficacia del enfoque.
Cabe destacar que existen numerosas vitaminas y minerales de importancia clave para los deportistas, cada uno con relevancia específica para determinadas situaciones (por ejemplo, el hierro y las vitaminas del grupo B son contribuyentes significativos a la adaptación hematológica).
Por tanto, la utilidad de la suplementación para una situación determinada debe considerarse cuidadosamente antes de su uso, y los suplementos deben consumirse para complementar la dieta típica del deportista, recordando el dicho de que
“la ingesta de suplementos no puede revertir malas elecciones alimentarias y una dieta inadecuada”.
Por último, cabe señalar que la deportista tiene requerimientos matizados de vitaminas y minerales que difieren de sus homólogos masculinos, y que el panorama de la investigación requiere un trabajo significativo para comprender mejor los retos nutricionales únicos que enfrenta.
Referencia
Peeling, P., Sim, M., & McKay, A. K. (2023). Considerations for the consumption of vitamin and mineral supplements in athlete populations. Sports Medicine, 53(Suppl 1), 15-24. https://doi.org/10.1007/s40279-023-01875-4




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